
A veces
pretendemos un cristianismo “light” o
“descafeinado”. Parece que queremos
ser cristianos con el mínimo o poco o ningún esfuerzo ni dificultad... En otras
ocasiones buscamos “tronos y honores”,
primeros puestos, por los que somos capaces de luchar, retar, trepar, criticar,
ningunear… En todos estos casos le robamos fuerza al mensaje del Nazareno,
hemos equivocado el camino de fidelidad y obediencia a la voluntad del Padre
que nos mostró Jesús y hemos pisoteado la ley del servicio y entrega al “otro”.
San
Marcos nos propone su evangelio, sobre Jesús y el Reino de Dios, como un camino desde
Galilea a Jerusalén. Todos los acontecimientos que transcurren en este trayecto
y que Marcos narra (milagros,
exhortaciones, predicaciones, gestos y palabras…) tienen la intención de ir
preparando a sus discípulos para comprender el misterio de la Cruz, y asumir su
misma misión liberadora y sanadora, misión de servicio y de entrega.
En
el trasfondo de las lecturas de este
domingo 29 del Tiempo Ordinario (ciclo b) debemos tener en cuenta las
palabras que Jesús dirige, en versículos anteriores, a sus discípulos: “El
Hijo del Hombre va a ser entregado a los
sumos sacerdotes y los escribas, lo condenaran a muerte y lo entregaran a los
gentiles, se burlaran de Él, le escupirán, lo azotarán y lo mataran Y a los
tres días resucitará” (Mc 10,33)
El
evangelio
dominical (Marcos 10, 35-45) es la
respuesta que recibe Jesús a sus palabras anteriores de entrega, pasión, cruz y
resurrección. Por un lado, Santiago y Juan, que buscan puestos de honor: “Maestro, queremos que nos hagas lo que te
vamos a pedir. Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”.
Por otro lado, los restantes diez discípulos, que al oír las pretensiones de
los dos hermanos “se indignaron contra
Santiago y Juan” Los Doce están en actitud de lucha por el trono.
Podemos
comprobar que los discípulos insisten en esperanzas terrenas y en sueños de grandeza
humana. Una vez más se ve obligado Jesús a instruirles, mostrando las condiciones para poder pertenecer
al Reino y formulando lo que ha de ser
la ley de la comunidad cristiana.
1.- Las condiciones quedan expresadas con las
imágenes “cáliz y bautismo” que
evocan el sufrimiento y la participación en la pasión y muerte de Jesús. El
camino de la pertenencia al Reino es desde la participación en la vida de
Jesús. El discípulo está llamado a seguir al Maestro en el presente, dejando
que Dios programe libremente su futuro. «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y
os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a
mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»
2.- Tras las
condiciones, proclama Jesús la Ley
que ha de estar siempre presente: hacerse servidor de los demás. “El que quiera ser grande, sea vuestro
servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos” El servicio
como oposición a la actitud de los poderosos del mundo que tiranizan a los
pueblos.
La
comunidad que esté caracterizada por el servicio, ha de ser una comunidad sin
deseo de poder, ni ambición de dominio, ya que ambas corrompen el corazón. La
autoridad, en dicha comunidad, ha de reflejarse en la realidad del servicio y
no en la posibilidad de mandar. Sólo una comunidad de servidores podrá ayudar
eficazmente a la humanidad en la búsqueda de la fraternidad.
Reflexión: La vida cristiana tiene su Jerusalén
particular y su dificultad. No es fácil ser discípulo y no está exento de dificultades, tiene sus cruces, pero
eso sí, es bello. Una cosa no
contradice a la otra. Es curioso, la belleza y la felicidad, que nos ofrece la
pertenencia al Reino de los Cielos, no se contrapone con la dificultad, la
exigencia y la cruz que tiene el seguimiento en fidelidad de Cristo, es más se
hace imprescindible combinar.
Nuestro
modelo es Jesús, que no duda en ofrecerse a sí mismo. Toda la obra del Maestro
hay que interpretarla en clave de SERVICIO, un servicio sin límites, que llega
hasta la entrega de la propia vida en favor de los demás. El fruto de esta
entrega y servicio será la salvación, sanación y liberación de todos los
oprimidos por el mal. Desde el Maestro
el servicio ya no es un piadoso consejo sino una condición
imprescindible para aquellos que sentimos la llamada al seguimiento de la
persona de Jesús.
¿Dónde te
sitúas? El camino de Cristo y
nuestros caminos, a veces no son los mismos, incluso en ocasiones son
contrarios y no conducen al mismo destino. Mientras los discípulos, buscan
primeros puestos, Jesús pide caminar hacia Jerusalén, sin miedo, mediante la
exigencia de la cruz y la actitud de servicio. ¿No crees que asumir la misma
misión de Jesús comporta compromiso, esfuerzo y entrega en nuestra historia
personal y servicio al hermano?