jueves, 8 de enero de 2026

SIN FECHA PARA NAVIDADES

 

Bautismo de Jesús

Si preguntas, entre el común de los mortales, por el día que termina el tiempo de Navidad, muchos te responderán que finalizan las fiestas navideñas con la celebración de los Reyes Magos. Y, aunque el ambiente externo así lo determina porque se quitan las decoraciones, los espumillones, los árboles, las bolas, los belenes del hogar y los envoltorios de regalos y juguetes… lo correcto es anunciar que es la fiesta del Bautismo del Señor (domingo siguiente a Epifanía o Reyes Magos) la que pone broche final al tiempo de Navidad. Y digo al tiempo litúrgico, porque como bien sabes, la verdad de la Navidad no tiene fecha concreta en el calendario, sino que la puedes celebrar cada día y en cada momento.

Entrando en el texto que se nos presenta en esta celebración del Bautismo del Señor (ciclo a) descubro que, oculto para unos y desconocido para muchos, “Dios está con nosotros”. Y esta es la verdad que te decía que no se termina en las navidades, sino que la puedes celebrar cada día. Y lo haces siempre que dejas nacer a Dios en tu vida compartiendo con los descartados, abriendo el corazón para dar consuelo, dejándote bautizar por el Espíritu o caminando en la presencia de Jesús.

El evangelio (Mateo 3,13-17) nos ofrece este momento del Bautismo de Jesús. El evangelista lo divide en dos partes, la primera de ellas es un dialogo entre Juan bautista y Jesús (propio sólo del evangelio de Mateo) y la segunda es la manifestación de Jesús como Hijo de Dios.

¡Qué desconcertante tuvo que ser este momento para el bautista! que desea disuadir al Maestro de la idea de ser bautizado por él: «soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?» Este dialogo inicial, entre Jesús y Juan, pretende, por un lado, ensalzar la figura de Jesús como Mesías, frente a Juan que es precursor y, por otro lado, mostrar que la misión del Mesías es adherirse al proyecto del Padre cumpliendo su voluntad: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia»

La identidad de Jesús como “Hijo de Dios” se manifiesta en los sucesos que siguen a su bautismo: se abre el cielo, desciende el Espíritu y una voz declara su identidad más profunda: ser el Hijo de Dios. Esta declaración se hace con una fórmula tomada de uno de los canticos del siervo de Yahvé (Isaías 42,1) que puedes encontrar en la primera lectura «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones»

Isaías 42,1-7 es el primero de los poemas llamados “Canticos del Servidor del Señor” que la liturgia cristiana, siguiendo el Nuevo Testamento, ha asumido y aplicado a Jesús. El texto, que se proclama en la primera lectura de este domingo, presenta a un personaje ligado estrechamente al Señor. Él lo sostiene y lo ha elegido para “constituirlo alianza del pueblo y luz de las naciones”, “para traer e implantar la salvación a los hombres”

Reflexión: El Bautismo de Jesús, narrada por los evangelios sinópticos, es una noticia revolucionaria para los primeros creyentes y también para ti y para mí. Dios ya no guarda silencio, ni tú tienes que caminar triste y sin rumbo. El Espíritu de Dios desciende, Dios está con nosotros, sin fechas concretas de calendario, y Jesús nos abre un horizonte infinito de alegría y de presencia de Dios en nuestras vidas. Ese mismo Espíritu animará al Maestro a comenzar una vida nueva, totalmente entregado al anuncio del Reino de Dios. Con su Bautismo Jesús inicia su vocación profética.

Amig@, el “bautismo en el Espíritu” es el momento para descubrir tu vocación. Preguntémonos cuál es la razón última de nuestro existir, de nuestro vivir diario y para qué comenzamos un nuevo día. Por qué vivimos, para qué vivimos, hacia donde vivimos… Todos tenemos una vocación, todos somos llamados por Dios, en todos vive el Espíritu, en todos Dios es y está. ¿Cuál es la vocación a la que eres llamado? Con una actitud de búsqueda, disponibilidad y apertura, y en la medida en que vayamos respondiendo a nuestra misión, descubriremos todo el horizonte que se abre a nuestra vida humana vivida desde este Dios con nosotros.

Ser cristiano, no es creer que Dios existe, sino que Dios te ama incondicionalmente tal cual eres. Esta es la experiencia fundamental que me gustaría que en este día sintieras; porque esta es la experiencia del Espíritu que recibiste el día de tu bautismo. Si no conocemos esta experiencia de ser amados por Dios, desconocemos lo decisivo de nuestra fe y pierde sentido la vida entera del creyente. Saberse amado por un Dios que habita y hace morada en y con nosotros, Emmanuel, no es cuestión de una fecha concreta del calendario de diciembre sino de cada instante de vida. 

Ahora comprenderás por qué yo no quito el Belén de mi casa.

lunes, 5 de enero de 2026

FESTIVIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: SER ESTRELLA

 

Con la fiesta de la Epifanía queda subrayada la claridad de Jesús frente a la oscuridad. En momentos de desconcierto, incertidumbre, oscuridad… Cristo es luz y manifestación de amor.

Cuando observamos a los Magos, que se ponen en camino, vemos que no tienen la seguridad exacta y precisa de hacía donde les llevará la estrella; pero en ellos hay confianza y esperanza. Esta misma actitud la podemos adivinar, hoy, en muchas personas que buscan el sentido de sus vidas. Son personas que han perdido las referencias tradicionales de su fe, aunque desean dar un significado a su historia personal y buscan algo que les llene de verdad.

La fiesta de la Epifanía es la fiesta de la manifestación de Dios a todos los seres humanos que lo buscan desde el corazón. La luz de la Palabra de Dios será la “estrella” necesaria para guiar sus búsquedas y llevarlos al Dios con nosotros. También la parroquia, debe ser “estrella” que acerque a los buscadores de Dios a Jesús.

A quien busca el sentido de su vida le es extraordinariamente útil ver que quien proclama que su vida tiene sentido lo manifiesta de manera creíble. Así, nuestra vida es testimonio y tiene sentido. Por ello, si crees que Cristo da sentido a tu vida debes mostrarlo al mundo, como la estrella que ilumina.

sábado, 3 de enero de 2026

DIOS DENTRO DE CASA

 

Domingo II de Navidad 

Creo que no es necesario que te explique cuál es la diferencia de estar dentro de casa a quedarse en la puerta. La puerta es lo que marca la frontera entre el interior y el exterior. Quien se queda en la puerta se queda fuera, en el umbral, esperando a alguien que entre o salga, pero sin entrar dentro. Quien está en la puerta, está en la barrera o en el límite que no se cruza, posiblemente porque no tiene en esa casa nada ni nadie que le haga cruzar o pasar. Los de la puerta no forman parte de la casa, los de dentro están en el hogar.

En este segundo domingo de Navidad (ciclo a) celebramos que Dios no se ha quedado, como un espectador más, en la puerta de nuestras casas, sino que se ha metido dentro de nosotros, dentro de nuestra débil carne humana, dentro de nuestra historia, aunque esta contenga páginas tristes de violencias e injusticias… Es lo que nos dice Juan en su prólogo: “acampó”.

A través del acampar de Dios, Él se ha hecho cercano y hemos recibido su plenitud, gracia, ternura y lealtad. Dios se ha hecho uno de nosotros, con nuestras fragilidades y fuerzas, asumiendo nuestra carne. Este es el misterio de la “Palabra hecha carne”.

El evangelio (Juan 1,1-18) conocido como el prólogo de San Juan, es un himno cristológico de la Iglesia primitiva con el que se celebraba, anunciaba y expresaba la fe. Un himno que ya existía en las comunidades de Juan antes de que se escribiera el evangelio. Con un pequeño retoque y adaptándolo sirvió como presentación a toda la narración de su evangelio. Los grandes temas que San Juan desarrollará a lo largo de su evangelio, en el prólogo están presentados en pequeñas dosis.

Estos dieciochos versículos se inician expresando la divinidad de la Palabra, que no es creada sino creadora y que participa de todos los poderes y atributos de Dios: “En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho”

La Palabra (“logos” en griego, “verbo” en latín) manifiesta la presencia de Dios en la historia, tema central en la biblia, que alcanza su plenitud en la encarnación que celebramos en Navidad. “La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”

Además, muestra la capacidad que tiene de dar vida, orientando a toda persona que se acerca a ella.

A partir del versículo 11, el autor nos introduce en el tema central del prólogo: “Vino a su casa”; “se hizo carne”; “acampó entre nosotros”. Dios habita en nuestra historia y asumió nuestra condición humana incluso en lo que tiene de más frágil. La presencia de Dios y su cercanía (la encarnación) no es ninguna apariencia. Creemos en un Dios encarnado, en un Dios que ha puesto su morada entre nosotros, en nuestra historia. Es un Dios que se ha hecho semejante en todo a nosotros, menos en el pecado que diría San Pablo.

“Acampó entre nosotros” (v.14) Esta bella imagen está tomada del Antiguo Testamento. La sombra de la Tienda de la Alianza, en el desierto, da reposo, ánimo y sentido a la marcha. La presencia de la Tienda da la posibilidad al ser humano de encontrarse con Dios. Ahora es Dios mismo hecho hombre quien ofrece al ser humano la posibilidad no sólo de encontrarse con Él, sino de ser hijos e hijas de Dios. Mediante la acogida de la Palabra “les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”

Reflexión: El tiempo de Navidad es una invitación a celebrar el compromiso de Dios con la historia humana. Es un tiempo para reconocer que Dios ha traspasado las fronteras de nuestras puertas y hace morada en nosotros, en nuestra historia y en nuestro mundo. Dios no se ha quedado fuera, ante la puerta. Él se ha metido dentro de nuestras casas. A través de Jesús, que acampó entre nosotros, Dios se ha hecho cercano porque Jesús es el retrato de Dios acercado a los hombres. Dios se hace inteligible en Jesús.

Cuando decimos que es Navidad, estamos proclamando que la Palabra, es decir, Jesús, se ha hecho carne y Dios mismo está en el mundo. Ni Dios se queda en tu puerta, ni tú debes quedarte en la puerta de Dios. Dios al cruzar el umbral y entrar dentro de casa hace posible el intercambio de un Dios que se hace hombre y un hombre que se hace hijo suyo. Con otras palabras, lo expresa el Prefacio III de Navidad: “Gracias a Jesús hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio de nuestra salvación; pues al revestirse el Hijo de nuestra frágil condición nos hizo partícipes de su eternidad”

Amig@, acepta dentro de tu casa a Dios, acepta su paternidad, es fruto de su ternura, es el verdadero y auténtico regalo de Navidad sin envoltorios de papel de regalo.