miércoles, 12 de marzo de 2025

DETENER EL TIEMPO

 

2º Domingo del Tiempo Cuaresma

Hay momentos en la vida en los que nos gustaría detener el tiempo; es decir, nos encantaría tener el poder para que el reloj no anduviera ni para delante ni para atrás, solamente, como por arte de magia, se detuviera. Aquello de la canción: “Reloj, no marques las horas… reloj, detén tu camino”. Me imagino que las ocasiones en la que desearíamos que el tiempo se detuviera, son aquellas en las que vivimos inmersos en un momento de sensación positiva que nos aporta una experiencia nueva, enriquecedora y agradable. No me veo yo queriendo detener relojes en circunstancia contrarias a lo que denominamos el común de los mortales: felicidad.

Dios tiene su tiempo y su momento. Y Pedro, en lo alto del monte de la transfiguración, quiere detener ese tiempo, quiere perpetuar en su memoria la escena vivida.

Seguimos caminando, en el tiempo de Cuaresma, celebramos el domingo 2º (ciclo c) las lecturas que son proclamadas nos invitan a contemplar a Dios como luz, salvación, auxilio y defensa (salmo responsorial) Un Dios que tiene su momento y su ritmo, que en ocasiones no coincide con el tiempo del hombre. Un Dios que cumple su promesa de liberación y que propone la fe en Él como camino y compromiso de esperanza. 

El evangelio (Lucas 9,28-36) nos presenta la escena conocida en el Monte de la Transfiguración. Es un relato escrito en el género literario de las “teofanías” (manifestación de Dios) y lleno de la simbología del Antiguo Testamento. Por lo tanto, esta escena vivida por tres de los discípulos nos está diciendo mucho más de lo que simplemente se expresa en el escrito literal.

El cambio externo que se produce en Jesús “mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor” tiene como función confirmar la identidad y la misión del Señor. Es decir, el camino que ha escogido el Maestro, su estilo de vida y su mensaje es lo que Dios quiere.  Queda corroborado por la presencia de Moisés y Elías “que conversaban con Él”, por la “nube que los cubrió” que es símbolo de la presencia de Dios y por la voz que surge de ella “Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo” 

Como todas las teofanías, la transfiguración tiene su momento culminante en la “voz” que sale de la nube. Los discípulos al sentirse envueltos por ella se asustan y son aleccionados sobre lo que se resisten a aceptar, es decir que el mesianismo de Jesús no es político y ni triunfal como bien ha anunciado el Señor con anterioridad (Lc 9, 22-27) Dios confirma a Jesús como el Hijo y revela a los discípulos que es el Elegido, el Mesías. De tal manera que el modelo de Mesías es Jesús y no otro. Dios lo pone como norma de vida y de seguimiento para todos: “Escuchadlo”

Por último, me gustaría que te fijaras en que la transfiguración desvela el sentido profundo de los acontecimientos, pero no dispensa a los discípulos de vivir la realidad en su dureza y ambigüedad. Independientemente de que Pedro desee detener el tiempo, la visión termina pronto y deja a todos frente a la realidad cotidiana. Es preciso que los discípulos afronten el mensaje y el camino de Jesús.

Reflexión: En el corazón del día a día, en la vida misma, con todas las incertidumbres y conflictos que tiene nuestro “mini-mundo”, Dios se hace patente y nos ofrece señales que deberemos acoger, aceptar, discernir y vivir. El discípulo y todo cristiano ha de estar atento a estas señales de Dios en lo cotidiano. Como Pedro, Juan y Santiago, nosotros tenemos experiencias singulares, otorgadas por Dios, que nos iluminan y alientan en el camino del seguimiento de Jesús, que en ocasiones nos parece necedad y locura porque es el camino de la cruz.

Hoy, como hace dos mil años, el cristiano tiene que afrontar su realidad. Nadie puede estar refugiado en la montaña deteniendo el tiempo «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» Las señales de Dios, de su presencia, las experiencias singulares y espirituales de un Dios que camina en nuestra historia, no son para separarnos de la realidad, sino para ayudarnos afrontar nuestra vida en toda su profundidad y ayudarnos a seguir a Jesús con toda fidelidad.

Con el Maestro, sube a la montaña y contempla la gloria de Jesús, pero no seas un espectador que mira desde fuera, sino siéntete protagonista, junto al Señor, de ese momento. Escucha al Hijo que te muestra el camino de la resurrección con sus “Getsemaníes” y “Gólgotas”. Nada puede permanecer igual tras la escucha de la voz de Jesús. Transfigúrate y transfigura el entorno. Construye la cultura de Vida y la civilización del amor, denuncia lo que atente contra la dignidad de la persona y propicia una sociedad libre, respetuosa, donde no se descarte a nadie ni se deje tirado en la cuneta a los débiles y desfavorecidos… Identificar a Jesús como el Hijo de Dios no es para detener relojes si no para dar vida.

1 comentario:

  1. NOTA: En el género literario de las teofanías o manifestaciones de Dios los textos sagrados emplean ciertos símbolos (montaña, rayos, luz, nube, fuego, resplandor, voz divina…) con la intención de manifestar la presencia de Dios y su poder. Estos datos los debemos tener en cuenta al leer el evangelio de la transfiguración, que según San Lucas tuvo lugar en la montaña, con resplandor, bajo una nube, con personajes presentes del Antiguo Testamento y escuchándose una voz que procedía de lo alto.
    El resplandor de Jesús (el aspecto de su rostro cambió) recuerda al de Moisés descendiendo del Sinaí. La nube (“una nube que los cubrió”) nos lleva a la presencia de Dios en la tienda del desierto y en el templo. Moisés y Elías (“dos hombres conversaban con él) eran los representantes de la ley y de los profetas, y los esperados en el tiempo de salvación…

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