viernes, 21 de marzo de 2025

VIDA ÚTIL

3º Domingo del Tiempo Cuaresma 

¿Para qué quieres un teléfono móvil si no puedes ni recibir llamadas ni realizarlas? ¿Para qué un tostador si no calienta las tostadas mañaneras? Cuando los objetos, especialmente aparatos eléctricos o electrónicos, han perdido las cualidades para realizar la función por la que fueron creados, lo mejor es quitarlos de en medio y sustituirlos por otros. Incluso, en muchas ocasiones, es más barato uno nuevo que el arreglo del viejo. Hace poco me he enterado que los aparatos tienen una vida útil, es decir un período de tiempo durante el cual se espera que el dispositivo funcione correctamente y ofrezca un rendimiento satisfactorio. Esta duración varía según el tipo de dispositivo, la calidad de sus componentes y las condiciones de uso. No quiero enredarte mucho, pero ¿sabías qué existe un debate sobre si la obsolescencia programada es cierta o es un mito? ¡Ey, te ha gustado el termino… eh!

Celebramos el domingo 3º del tiempo de cuaresma (ciclo c) Las lecturas que son proclamadas te ilustran, partiendo de un Dios paciente, sobre las oportunidades que Él ofrece al ser humano para la auténtica conversión. La actitud de Moisés que escucha y se pone al servicio del proyecto de Dios, y la insistencia de Jesús de dar frutos nuevos, nos guían en este domingo, para tomar la decisión de bendecir al Señor con una vida “colmada de gracia y de ternura”

En la primera lectura (Éxodo 3,1-8ª.13-15) lo que comenzó siendo un día normal en la vida de Moisés se convirtió en una experiencia vital. Dios se hace presente, le revela su plan y le envía a ser portavoz de la liberación del pueblo de Israel y a conducirle a la alianza que quiere hacer con él.

Una “zarza que ardía sin consumirse” llama la atención de Moisés, descubre en ella la presencia de Dios. El Señor llama a Moisés y éste responde «Aquí estoy» Al mandato de descalzarse Moisés obedece y por su cuenta se tapa la cara y escucha en silencio. Dios toma la iniciativa y entra en la historia para rescatar al pueblo que estaba oprimido y Moisés acepta el reto «Mira, yo iré a los israelitas y les diré: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros."»

El evangelio (Lucas 13, 1-9) lo podemos dividir en dos partes. En los versículos 1-5 refuta la doctrina judía según la cual el que era alcanzado por una desgracia era culpable de algún gran pecado. Esta manera de pensar establecía una estrecha relación entre pecado y castigo. En lugar de ello, el Señor ofrece la enseñanza de que ante Dios todos los hombres necesitamos convertirnos a sus caminos. Por ello, en los versículos 6-9 se nos ofrece la parábola de la higuera estéril con la que se nos enseña cómo Dios ofrece siempre una nueva oportunidad para la conversión.

Se respira en este texto una urgencia a la conversión y a dar frutos (“Tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala”) que se entremezcla con las oportunidades y la paciencia de Dios para con el ser humano ("Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas") En el fondo de esta parábola hay una nota de esperanza, Jesús confía en que la respuesta final del pueblo de Israel a su misión sea positiva.

Reflexión: Los paisanos y contemporáneos de Jesús entendieron fácilmente el mensaje de la parábola, ya que la higuera en la Biblia es figura del pueblo de Israel. Pero sería un error pensar que ya no tiene actualidad esta parábola o que no es aplicable a nosotros. Es necesario una relectura individual y comunitaria, como creyentes y como Iglesia. Porque una comunidad de fe que no da fruto no tiene razón de ser por mucha parafernalia que ostente. Podemos ser higuera que no da higos o árbol baldío, aparentemente verde y con vida, pero realmente inútil por completo porque no da fruto.

Sin embargo, entiendo el relato evangélico como un canto a la esperanza, ya que Jesús (el viñador) ofrece una nueva oportunidad. Él realizará todo lo que esté en su mano para que la higuera, es decir tu y yo, demos fruto. Quizás, la higuera, con cuidados especiales se convierta y pase de ser inútil a portadora de higos.

Vivimos en el tiempo de la paciencia y de la misericordia de Dios. Él actuará dándonos oportunidades, cuidándonos, como el viñador de la parábola hace con la higuera… para que en tiempo oportuno demos fruto de buenas obras.  Es importante que bucees dentro de ti y descubras que Dios, como buen agricultor, derrama sobre ti “semillas de bien” que hace fecunda tu vida y que te invita a colaborar con Él sembrando la bondad.

Aprende de Dios a ser paciente y a dar tiempo a tu corazón y a quienes te acompañan en tu comunidad. No metas la guadaña a las primeras de cambio para “cortar” porque ocupas terreno en balde. Cuida, sé paciente contigo mismo y ayuda a los hermanos que caminan a tu vera porque la conversión no es de hoy para mañana. No tires a la basura nada, ni a nadie, porque no es un aparato electrónico que ha dejado de cumplir sus funciones. Es una persona que tiene nuevas oportunidades.

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