
Domingo 2º Tiempo Ordinario
Recuerdo con exactitud cómo, en el patio del
colegio, hacíamos dos equipos usando el método sencillo y preciso de “pares o nones”. No era por sorteo como
se hacían los dos grupos, sino por elección, comenzando por aquel que había
ejercido de capitán y había logrado descubrir si la cuenta de la suma de los
dedos presentados correspondía a un número par o impar que, con anterioridad,
había elegido. Así comenzaba la elección del grupo que iba a acompañar al
capitán y que se iba rellenando de miembros gracias a la aportación de los que
formaban el equipo que ayudaban al capitán a seguir eligiendo a unos y no a
otros.
En este segundo
domingo del tiempo ordinario (ciclo b) el evangelio nos recuerda la elección
de los primeros discípulos, que evoca el proceso y las distintas circunstancias
de las primeras vocaciones. Como en la elección a “pares o nones” no es por suerte cómo son elegidos los primeros
amigos íntimos de Jesús, pero sí hay mediaciones humanas, experiencia personal
y respuesta libre.
El evangelio (Juan
1,35-51) nos ofrece, al inicio de la vida pública de Jesús, la llamada que
el Maestro hace para componer el grupo de personas que le van a acompañar en su
misión. En el origen de las primeras vocaciones cristianas está, como base y
punto de partida, el testimonio de Juan Bautista sobre
Jesús, que lo identifica y proclama con el título de “Cordero de Dios” que
tenía grandes resonancias de inmolación y liberación para los judíos. «Estaba
Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es
el Cordero de Dios.» (Este título es inverosímil que se diera en este
primer momento, sino más bien a la luz de la resurrección y la acción del
Espíritu Santo)
En el texto evangélico se pone de manifiesto
el papel fundamental de las mediaciones humanas en la vocación.
Primero es Juan Bautista, quien, además de proclamar la identidad de Jesús a
sus seguidores, se lo presenta a dos discípulos y les invita a que vayan tras
de Él. Más tarde será Andrés quien ejerza de mediador y presente a Jesús a
Pedro «Andrés, hermano de Simón Pedro,
era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a
su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa
Cristo).» Si siguieras leyendo el evangelio te darías cuenta que Felipe
también es mediador entre Jesús y Natanael.
Otro elemento que subraya el texto, en el
proceso de la vocación, es la experiencia personal de cada uno.
Los discípulos descubren, son tocados, se convencen, creen… pero no por razones
y discursos bellísimos de otros, sino por su experiencia personal: «Entonces fueron, vieron dónde vivía y se
quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde» La mirada de
Jesús, el compartir con Él, el poder verle y observarle, el convivir, la
cercanía… es lo que deja huella en aquellos primeros discípulos.
El proceso vocacional culmina con la respuesta
personal y libre de seguir a Jesús o no. El discípulo es un seguidor y
expresa con su seguimiento la adhesión a Jesús. La aceptación de seguir al
Maestro es libre y en consecuencia es respuesta de amor. No hay seguimiento al
Señor desde la esclavitud sino desde la libertad.
Reflexión: No
sé si te habrás dado cuenta que Juan evangelista al describir este encuentro
con Jesús ha marcado una hora precisa: “las
cuatro de la tarde”. Puede parecerte un dato insignificante o poco
relevante, sin embargo ese dato, para quien vivió el hecho, da testimonio de
que es un momento especial que ha dejado marca en su vida hasta el punto de
precisar la hora concreta y no divagar o dudar si fue a las 10 de la mañana o
sobre las dos de la tarde. La hora precisa tiene un mensaje y es que ese
encuentro, entre Juan y Jesús, fue especialmente fuerte que dio sentido a su
vida y que le sostuvo en momentos de dificultad.
Como todo hecho que deja marca en tu vida, el
recuerdo de ese encuentro permanece en ti con todos los detalles concretos que
rodearon ese momento y con todas las huellas precisas en tu memoria. Seguro que
tú también tienes en tu vida de seguimiento de Jesús, algún “cuatro de la tarde”; es decir algún
momento fuerte que ha marcado tu existencia cristiana y te ha llenado de
sentido. Recuperar ese momento, volver a él, podría ser una de las actividades
espirituales a meditar desde el evangelio.
Por último te invito a que aprecies la
importancia del testimonio en el descubrimiento de Jesús. De forma encadenada
se nos narran los encuentros de Jesús con cinco de sus discípulos. Son relatos
de vocación pero todos ellos son también relatos de testimonio, ya que
descubren al Maestro porque otros les han informado, señalado o presentado con
entusiasmo a Jesús.
Puede que ahora, y no por sorteo sino por
elección, te toque a ti ser testimonio de tu encuentro con Jesús para que otros
se enamoren y le sigan.