jueves, 30 de diciembre de 2021

EN EL PRINCIPIO…

 

“En el principio”, así comienza el relato de la creación y así también comienza el prólogo de san Juan, dándonos a entender que estamos delante de una nueva creación: la salvación.

En la celebración de la festividad de la Natividad del Señor (25 de diciembre) se proclamó el evangelio conocido como el prólogo de san Juan; el mismo que es también leído en este domingo 2º del tiempo de Navidad (ciclo c) Un himno de la Iglesia primitiva con el que se celebraba, anunciaba y expresaba la fe. Con este himno cristológico da comienzo la obra del evangelista Juan que, a modo de villancico navideño, expresa la fe de la comunidad de Juan en Jesús-Palabra-Dios que tiene influencia en el mundo y en la historia, que se “hace carne” y que ofrece y posibilita a cuantos lo aceptan el ser hijos de Dios.

El evangelio (Juan 1,1-18) es como la obertura de una pieza musical; así como en la obertura se tocan y anticipan los temas que serán recogidos posteriormente en el desarrollo de la obra, así en el prólogo se resume y anticipa los grandes temas que aparecerán a lo largo del evangelio. El prólogo es la obertura de la gran “sinfonía de la salvación”. Un bello resumen de todo el evangelio de Juan, de la fe cristiana y de toda la historia de amor de Dios con la humanidad. Por lo tanto, muchos son los temas que se nos proponen para la meditación desde este evangelio-prólogo (vida, luz, nueva creación, Dios-mundo, Padre-hijo…) tú tendrás que fijarte en aquel aspecto que creas más interesante en el momento actual que vives.

En este domingo Jesús es presentado como Palabra (término muy difundido a finales del siglo I) que participa de todos los poderes y atributos de Dios. Es como el retrato de Dios acercado a los hombres. Dios se hace inteligible en su palabra, en Jesús.

En relación con el mundo la palabra es presentada como el medio por el cual Dios creó todas las cosas “por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho” Se afirma la intervención de Dios en la creación, no el modo de esa intervención pues esto excede a las competencias de la Biblia. En su referencia a los hombres la Palabra es la vida y la luz; es decir la vida autentica no se halla en el hombre mismo, sino en el autor de la vida. La oposición del hombre a la luz es optar por el camino de las tinieblas, vivir independientemente de Dios o al margen de Él. Pero quien acoge la Palabra participa en la vida de Dios y comienza en la vida del hombre una relación nueva con Él, que aquí se expresa en términos de filiación. Nuevos lazos unen al hombre con Dios que es posible por iniciativa de Dios y no por una generación natural: “a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios”

Reflexión: Es en este momento concreto de tu historia siente que Jesús es la vida y la luz que brilla en tus oscuridades y tinieblas. Considérate testigo de la luz y que debes testimoniarla para que todos puedan acceder a una vida nueva, más plena y luminosa. Pero no caigas en la tentación fácil de usurpar el lugar del Maestro creyéndote la LUZ VERDADERA, sólo Él es “luz que alumbra a todo hombre”, sólo Él es la Palabra que se hace “carne”, que se hace presente en el mundo, que hace morada y habita entre nosotros para salvarnos. Tú y yo participamos de esa luz, que nos proporciona Jesús, y que estamos llamados a extender. Es nuestra grandeza y pequeñez.

No tengas miedo en hacer sitio y recibir en tu corazón al Señor. Haz posible el intercambio de un Dios que se hace hombre para que el hombre se haga hijo suyo. Acepta el regalo de la paternidad de Dios que es fruto de su misericordia., Sin envoltorios de papel, el regalo de Navidad es que: “gracias a Jesús hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio de nuestra salvación; pues al revestirse el Hijo de nuestra frágil condición nos hizo partícipes de su eternidad. (Prefacio III de Navidad)

No niegues a Dios la obra que quiere realizar en ti, más bien pon todos tus dones al servicio del Padre para que Él actúe, desde tu libertad, y ya no te sientas esclavo sino hijo. Basta con creer en Él.

Déjate seducir por Jesús, por su fuerza y su poder que lo transforma todo, que es capaz de cambiar las cosas y las personas. Él es la Palabra, la fuerza que comunica Dios, que da sentido a tu vida y transforma al que la recibe. Él es la Palabra-Dios que se hace humano, que habita entre nosotros y que lo podemos encontrar vivo en lo débil, lo pobre y lo pequeño de este mundo.

Grita, desde tu silencio, con actitudes y obras, que la presencia de Dios en el mundo es presencia sanadora. Conocemos a Dios desde Jesús que es quien nos lo da a conocer. En Jesús encontramos el rostro de Dios, vemos a Dios y palpamos al verdadero Dios. No te ofusques en un Dios terrible y enfadado, justiciero y vengativo. Él es amor y sólo comprende el lenguaje del amor. Confía y siente su abrazo, abrazo que acoge y levanta… abrazo con el que te llama hij@ suyo.

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