
Domingo del Corpus Cristi
Qué importante es que las personas te sientan
cercano-a, ocupes el lugar que ocupes en la vida y en la sociedad. Me agrada
cuando se acerca alguien y me dice que ha estado con un sacerdote u obispo y
que ha encontrado en él cercanía, que es una persona sencilla, cordial y amable
en el trato. Por el contrario, me duelen noticias como la de un niño que,
ilusionado, acude a por un sencillo autógrafo de su “ídolo” y éste pasa por su
lado con los cascos puestos en sus orejas, sin saludar ni mirar a quien lleva
horas esperándole. Y por mucho que grita su nombre, de forma desesperada, no
consigue absolutamente un segundo de atención, porque el famoso y prestigioso
héroe del deporte, la música o de las películas ha puesto tierra de por medio
entre él y su admirador.
En este
domingo en el que celebramos el Cuerpo y la Sangre de Jesús (Corpus
Cristi ciclo a) podemos descubrir que Dios se ha puesto a nuestro alcance,
a nuestra disposión, que Dios entra en nosotros a través del camino más
natural, el de los sentidos: oíd, gustad, tomad, comed, bebed… Y así, por muy
paradójico que nos pueda parecer, tenemos un Dios a quien podemos escuchar,
comer, beber y gustar….
La misma encarnación de Jesús no es otra cosa
que cercanía de un Dios al ser humano. Igualmente, la Eucaristía es que Dios se
pone al alcance de nuestras manos y de nuestros labios. La religión es algo más
simple de lo que nos creemos.
El evangelio (Juan
6, 51-58) nos muestra como las palabras de Jesús, ser comida y bebida
verdadera, producen escándalo: Disputaban
los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Los interlocutores del Señor tienen claro que
pensar en Dios está bien, que ofrecerle primicias y sacrificios también, pero
que tomarlo de la mano, acercarlo a los labios, comerle y vivir de Él y en Él…
eso ya es demasiado, “es harina de otro
costal”.
Pero Jesús insiste, a pesar del escándalo de
los judíos, que Él es verdadera comida y bebida y quien le come y bebe tiene
vida. Dios es autor y dador de vida, Dios no es Dios de muertos, estar en
sintonía con el Padre es poder gozar la vida, porque nuestro Dios posee vida y
la derrama abundantemente.
En la primera lectura (Deuteronomio 8,2-3.14b-16a) Moisés
recuerda al pueblo lo que Dios ha hecho con ellos. Los cuarenta años por el
desierto son expresión de escasez, malestar y esclavitud, son tiempo de prueba.
El Señor quiere conocer el corazón de su pueblo en las dificultades y éste debe
poner su confianza en Dios, creyendo que su palabra se cumple y que con Él
llega la salvación y la liberación.
Dios ha bendecido a su pueblo y recuerda a
los israelitas que deben alabarlo por los beneficios recibidos. Entre todos
estos beneficios destacan: la salida de Egipto, el agua que brota de la roca,
el alimento del maná y la tierra prometida en la que encontrarán Vida. A
diferencia del maná dado por Moisés, ahora hay un “pan” que supera al recibido
por el pueblo en el desierto y este es Jesús.
Reflexión: Alcanzar a Dios con
ritos, razonamientos, oraciones… no nos crea ningún problema, entra dentro de
lo que consideramos normal. Pero hoy se nos pide dar un paso más adelante y
reconocer que Dios llega a nosotros en un trozo de pan y en una copa de vino.
Dios se hace presente en las realidades cotidianas que están al alcance de
nuestros sentidos y, aunque esto nos parezca desenvolverle de su divinidad,
Dios es así. Dios rompe moldes y construcciones preconcebidas.
Si te das cuenta la Eucaristía es cuerpo y
sangre que se entregan para que tengas vida. La vida con Jesús no tiene
parangón, no se parece a ningún plan ni proyecto que hayas querido programar.
Junto a Él todo se vuelve único, diferente, transformador y eterno. Si celebras
la Eucaristía como fiesta de la entrega sin límites, creo que debes ponerte un
nuevo traje, dejar atrás la túnica de la rutina, del aburrimiento y del
cansancio, y estrenar el traje nuevo de fiesta que refleje tu identidad de
cristiano y discípulo.
“El que
come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” Vivir con Jesús y
permanecer en Él hace de tu discipulado una persona nueva, alegre, orante. Él
se hace cercano y está a tu alcance, tu vida está llamada a despertar y compartirla.
Amig@, por este aspecto de entrega y
compartir que tiene esta celebración del Corpus Cristi y de la Eucaristía, se
celebra en esta jornada el día de Caritas. Se nos invita, a ser agentes de vida
buena y nueva, y se nos impulsa a hacernos “pan partido” para los
demás, a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Practicar la caridad
significa tener la valentía de mirar a los ojos.
Si Dios se pone a
nuestro alcance, igual deberíamos pensar que nosotros nos debemos de poner al
alcance de los demás, especialmente del que sufre. No sé… piénsalo
detenidamente.