jueves, 25 de marzo de 2021

DISTANCIA CORTA... DONDE TE LA JUEGAS

Corrían los años 80 y en mi memoria ha quedado grabado un anuncio de colonia, que nos ofrecía la televisión y en el que se nos invitaba a comprar una fragancia masculina con estas palabras: “En las distancias cortas es donde una colonia de hombre se la juega. Brummel, mejor cuanto más cerca” Esto es solo válido para los nostálgicos. No analizamos el anuncio televisivo porque es bastante evidente lo que pretendía indicar. Tampoco analizamos si este perfume es el de mejor olor (el libro de los gustos se quedó en blanco)… solo extraemos una enseñanza, que nos puede ayudar a comprender, cuál es el perfume que debe desprender el cristiano y cuál es “la distancia corta donde te la juegas”. Todo ello en el marco de la Semana Santa, que se inicia este domingo con la festividad de Ramos, la entrada de Jesús en Jerusalén.

Atrás, ha quedado el tiempo de preparación para acompañar a Jesús en esta semana que da sentido a nuestra fe. Ahora es el momento de la verdad, donde el cristiano, realmente, se la juega, donde no se puede acompañar a Jesús desde la lejanía, la indiferencia o la mediocridad. Es la Semana Grande en la que se nos pide, desde la fe, “distancia corta” cercanía, implicación, valentía…

Hemos llegado a Jerusalén, desde Galilea; hemos escuchado el anuncio de la pasión, muerte y resurrección que nos ha ido haciendo el Maestro a lo largo del camino de cuaresma; hemos sido testigos del amor de Dios reflejado en Jesús y en los hermanos; hemos escuchado el mensaje sanador y liberador del Mesías… No te acomodes ni te conformes, revístete de Cristo y ten los sentimientos y actitudes propios de Jesús, que se despoja de su grandeza, vive la realidad humana hasta las últimas consecuencia para salvar a los hombres y por ese camino de humillación es exaltado y glorificado por el Padre como Señor del mundo.

La primera lectura (Filipenses 2,6-11) nos muestra este camino de Jesús (humillación-exaltación) El Señor desciende con vertigo de la categoría de Dios hasta el punto más bajo y oscuro de lo humano: la muerte en cruz. Jesús se rebaja, se vacía de forma radical y se entrega para ser “para-los-demás”. Ese descenso del Señor le confiere el ser levantado de su humillación, dándole su verdadero puesto que merece la adoración y la alabanza de toda la creación.

Este himno cristológico de la carta a los Filipenses muestra al cristiano cuál debe ser el camino a recorrer si queremos pertenecer al Reino de Dios, ser coronados de gloria.

El evangelio de Marcos que nos narra la entrada de Jesús en Jerusalén (Mc 11,1-10) nos manifiesta de forma simbólica el mesianismo de Jesús, sin triunfalismos terrenos. El que cabalga, rodeado del pueblo que le aclama es el esperado Mesías-rey, pero el tipo de cabalgadura (un asno), cuidadosamente preparada y escogida, nos habla de modestia, sencillez, humildad y paz. No es un guerrero que conquista una ciudad por la fuerza. Es el príncipe de la paz que trae a Jerusalén la salvación. La grandeza queda así teñida de humildad y el triunfo viene revestido de debilidad.

La entrada de Jesús muestra una alternativa al reino del César, que exhibía el poder y la violencia que regía en imperio. Esa alternativa es El Reino de Dios

Reflexión: Desde estas lecturas, proclamadas en este Domingo de Ramos, se nos pide a los cristianos algo realmente difícil, pues el desprendimiento y sobre todo la humildad no son precisamente valores apreciados en muchos de nuestros ambientes contemporáneos. Y paradójicamente esos son los valores que Jesús ha querido encarnar en su trayectoria de la vida y especialmente en esta última semana.

El camino de la glorificación, recorrido con absoluta libertad por Jesús es el camino del rebajarse. Y, tú y yo, que seguimos las huellas del Maestro, sólo podemos tener acceso a esa glorificación desde una imitación de Jesús y sus valores en la distancia corta.

Por ello, en Semana Santa, imprégnate del perfume del Maestro. No sólo le acompañes vitoreándole, con tus labios, como Mesías y Señor; acércate a Él y saboréale, desde el corazón, en su generosidad y solidaridad, en su humillación y desprendimiento, en su confianza al plan de Dios y en su servicio a la salvación, en su soledad de Getsemaní o de la cruz y en la tumba vacía

El perfume que desprenden nuestras obras será detectado por las personas que nos rodean. Si encuentran en nosotros a Jesucristo, Hijo de Dios, que se abaja y se hace uno con nosotros hasta el punto de entregarse para los demás, habremos entendido la actitud del verdadero discípulo y habremos sido testigos y testimonio. Si, por el contrario, el olor que desprendemos dista mucho del de Jesús, lógicamente espantaremos a nuestros prójimos, porque detectarán que nuestra fe y nuestras obras no tienen el mismo hilo conductor: Jesucristo

En esa distancia corta te la juegas, porque en ella puedes ser perfume u olor a sobaco. Que nadie te tenga que decir: ¡dúchate! Y nadie te tenga que recordar que existe el agua y brummel.

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