sábado, 4 de abril de 2020

BAJAR PARA SUBIR


Con el Domingo de Ramos comienza, para el cristiano, la Semana Santa; tiempo en el que se nos invita a contemplar el misterio de nuestra fe. Tiempo para escuchar la “música de Dios” y no dejarnos arrastrar por “el ruido” ensordecedor que envuelve, en muchas ocasiones, nuestra vida. Tiempo de oportunidad para descubrir y experimentar la grandeza del amor del Dios. Tiempo para reconocer a Jesús que se presenta como Rey humilde dispuesto a dar la vida por ti y a darte Vida
Cualquier otra clave que queramos buscarle a la Semana Santa no creo que sea válida. Seguir estos pasos de entrega de Cristo debe ser el hilo conductor de nuestra vida.

La primera lectura Isaías 50,4-7, es conocida como el tercer canto del siervo, reclama la atención en la persona del siervo y en su ministerio. El Señor es el que llama al hombre, le invita y le moldea para ser su mensajero: “le da lengua de iniciado, le abre el oído”  y el mensaje que proclama de parte de Dios es de esperanza: “decir al abatido una palabra de aliento
A esta invitación se responde con prontitud “no me resistí ni me eché atrás”. El ministerio que realiza el siervo conlleva sufrimiento, pero en medio de ellos experimenta la ayuda del Señor que lo hace más fuerte que el dolor: “El Señor me ayuda por eso no sentía los ultrajes, por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado

Reflexión: Parémonos un momento para caer en la cuenta de cuántas persona hay en nuestro alrededor que necesitan una palabra alentadora; tal vez necesitan de nosotros esa "lengua de discípulo". Para ello abramos nuestros oídos a la voz de Dios y pidámosle que nos despierte ante el sufrimiento de los herman@s.

San Pablo, en la carta a los Filipenses 2,2-11 (2ª lectura), nos describe magistralmente el camino de Jesús y, por tanto, el de todo cristiano que quiera serlo de verdad. En este texto se expresa el significado más profundo de la persona y de la obra de Cristo
Solamente mediante la humildad, el rebajamiento, se consigue la exaltación.
- En la primera parte del texto es Jesús el sujeto de todas las acciones, Él se despoja de todo porque no hay otra manera de revelar el proyecto de Dios. Con la palabra “siervo” se expresa la forma concreta de hacerse hombre.
- En la segunda parte del texto el sujeto es Dios. Es Dios quien exalta a Jesús resucitándolo y dándole el lugar que le corresponde: “Jesucristo es el Señor” que expresa la realidad de Cristo glorificado.

Reflexión: El estilo de Jesús era, cuanto menos, diferente, inesperado y sorprendente. Él habla de “hacerse el ultimo” para poder ser “el primero”, porque la única manera de subir al Padre es por el camino de la pequeñez, la humildad.
Creo que tú y yo tenemos que invertir el orden de nuestra vida y pensar que es evangelio el que cuanto más se abaja uno, más alto sube a los ojos de Jesús.
Y nuestro vivir tiene que ser no buscando el aplauso del mundo, sino la pertenencia al Reino, que es el aplauso de Dios.
Esta lectura hay que leerla despacio para comprender el camino que siguió Cristo hasta llegar a la exaltación del Señor Resucitado.

Y como telón de fondo, la Pasión de Jesús. Son días de meditar sin prisas la pasión de Cristo buscando identificarnos.
Vivamos la pasión no como un relato de lo que le sucedió a Cristo, sino como una proclamación de lo que sigue pasando a cada hombre y mujer que sufre. Jesús sigue sufriendo en cada ser humano torturado por el paro, la enfermedad, el dolor, la tristeza, el hambre, la violencia…

Reflexión: Entremos en la Semana Santa como un cristiano de fe que se acerca a vivir, un año más, el misterio y la paradoja de Cristo muerto y resucitado, que sigue muriendo y resucitando en los seres humanos de nuestro tiempo.

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