jueves, 3 de septiembre de 2020

TODOS CENTINELAS


Persona que vigila y está en observación”, así podríamos definir la palabra “centinela”. Con ella describimos la función que tiene una persona que ejerce el encargo de “estar en guardia”, “estar atento” a los acontecimientos que se dan en su entorno, bien sea la familia, los amigos y la comunidad humana o espiritual a la que pertenece.

Ahora bien, restringiríamos mucho la labor del centinela si sólo le daríamos una función sancionadora, de la misma manera que si a un guardia de tráfico sólo le otorgáramos la función de multar olvidándonos de otras labores que realiza (regular el tráfico para que sea más fluido, atención a accidentes, ofrecer información, avisar de peligros…) buscando el bien del individuo y de la comunidad.

Centinelas somos todos, cada uno desde el lugar que ocupa. Los padres son centinelas del hogar, las amistades son centinelas de los propios amigos, los ciudadanos somos centinelas de la comunidad que es cercana, los gobiernos y legisladores son centinelas de un territorio, país, comunidad, provincia y localidad… Y… en lo espiritual, el evangelio de hoy, nos propone que todos somos centinelas de nuestros herman@s que forman nuestra comunidad de fe.

La primera lectura del profeta Ezequiel 33,7-9 pone de manifiesto que ser centinela es una de las características de los verdaderos profetas, quienes están atentos y en vigía a la Palabra de Dios leyendo los acontecimientos de la historia para iluminarlos a través de esta Palabra Divina que anuncian.
Pero la imagen del centinela también evoca “la urgencia y el peligro”, porque el profeta aparece en los momentos más difíciles y dramáticos, en los periodos de crisis del pueblo.
Igualmente, dentro de las funciones del centinela está la de “advertir al que obra mal” para que desande el camino de la maldad y opte por el bien. “Conducir a la conversión“ se convierte en papel fundamental del profeta-centinela, porque en la vida del hombre y de la mujer la vuelta, el retorno y la conversión siempre es posible.
Ezequiel es ese centinela que proclamará el deseo eficaz de Dios de que el pueblo de Israel no muera a causa de sus pecados, sino que viva.

El evangelio (Mateo 18,15-20) trata el tema la corrección fraterna, fruto de la misericordia. El Señor invita a sus discípulos que surja en ellos la preocupación por el “otro”, no sólo a nivel humano y corporal sino también espiritual e interior. Es aplicar la parábola de la oveja perdida a un hermano que se ha separado de la comunidad y usar el amor y el respeto como recurso para que vuelva.

Reflexión: Como hemos recordado en este artículo, nuestra misión de centinela es mayor que la de ser un mero censor. Nuestra labor es buscando la conversión, el bien de quienes conviven con nosotros.
Nuestra actitud debe ser como la de quien cose o remienda un agujero en un tejido, donde la delicadeza y la ternura no pueden estar ausentes.

Os ofrezco algunas claves, extraídas de diversos escritos del Papa Francisco, para realizar bien nuestra misión de centinelas, para hacer bien una corrección a un herman@:

1.- La corrección fraterna debe estar presidia por la caridad y la humildad, no dejando lugar a la hipocresía y a las habladurías. “Llevarlo a parte” es usar la mansedumbre y hablar, no imponer. Si no se dieran estas características la corrección fraterna seria como «hacer una operación quirúrgica sin anestesia», con la consecuencia de que el enfermo moriría de dolor. 
2.- Este servicio al otro requiere, ante todo, reconocerse pecador y no erigirse en juez
3.- Hablar de la verdad, jamás decir una cosa falsa, ni fruto del rumor.  Porque «las habladurías hieren, son bofetadas a la buena fama de una persona, son bofetadas al corazón de una persona».
4.- Corrección «con humildad». Es bueno tener presente, que «si debes corregir un defecto pequeño, piensa que tú tienes tantos más grandes». El Señor lo dice con eficacia: saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver bien para sacar la mota que hay en el ojo del otro. Sólo así «no serás ciego» y «verás bien» para ayudar de verdad al hermano. Por eso es indispensable «la humildad» para reconocer que «yo soy más pecador que él, más pecador que ella». Luego, «debo ayudarlos a él y a ella a corregir este» defecto.

Personalmente creo que «si tú no eres capaz de hacer la corrección fraterna con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, ofenderás, harás un daño al corazón de esa persona: harás un crítica más que hiere y te convertirás en un ciego hipócrita»… Si no se dan estas características mejor no hagas de centinela.

Te dejo un vídeo, en esta dirección de Internet, donde el Papa Francisco te habla del tema de la corrección:

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